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ENRIQUE VILA-MATAS
Tras la voz de un premiado
Daniel Centeno M.  28.08.01 01:57 p.m.

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El haber ganado la XII edición del Premio Rómulo Gallegos ya era una razón de peso para que, el singular escritor catalán Enrique Vila-Matas, respondiera unas preguntas. En esta ocasión, al autor de las concursantes “El viaje vertical” y “Bartebly y compañía”, se le hizo descansar de sus continuas interrogantes hacia estas dos únicas obras. Por el contrario, hasta terminó comparando su vasta obra con la música de Manú Chao.

1

El primer intento fue breve: “Contestador permanentemente conectado, deje su mensaje, por favor, y ya le llamaremos.” La voz de Enrique Vila-Matas, el nuevo Premio Rómulo Gallegos, era cortante, sin matices y de una apretada sintaxis que podía resumir su obra, ya de por sí resumida en su redacción.

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El segundo intento también trajo el halo de la frustración. La misma grabación volvió a sonar con idéntica neutralidad y sin dar concesiones a la esperanza. Sólo, y a manera de despistar, se le dejó un detalle, por si estaría en su casa y reconsideraba contestar la llamada: “Le aseguro que yo sí me he leído su obra”.

De Vila-Matas se podía esperar cualquier cosa. De hecho, de mucha gente se puede esperar cualquier cosa. Pero él escribe historias en las que sus personajes son extraños como ningunos; y él, como ente literario muchas veces auto biografiado, no se encuentra exento de ningún tipo de excentricidad o autenticidad. Hasta sus fotos de solapas lo dejan en evidencia. Un hombre con un no tan disimulado pico de viuda en su oscuro cabello, ojos penetrantes, pluma entre los dedos y cara de ermitaño. Era contradictorio que alguien, que parecía tan encerrado en sí, ganara un premio de tal grado de publicidad.

Realmente, y si no es porque Roberto Bolaños se había alzado en la penúltima edición del Rómulo Gallegos, con sus Detectives Salvajes, todo podía asemejar a una típica historia de “lector que persigue escritor”. Un ritmo cíclico de estar “tras los pasos de”. Sin embargo, de una manera más fácil e inesperada, la voz del autor respondió y se coló por el auricular, con la discreción que el caso y el oscuro personaje ameritaba.

“Le habla Enrique Vila-Matas. He escuchado sus mensajes. Estoy muy ocupado porque ahora me encuentro realizando el discurso para el premio Rómulo Gallegos y me quedan poquísimos días para ir a Venezuela – dijo casi con la misma voz de la perenne grabación -. Además, tengo que hacer una conferencia en Santander. La verdad es que tengo todo el tiempo a tope y sólo podría hablar por teléfono. No se preocupe por la contestadora, porque estaré esperando su llamada.”

3

En Madrid hace mucho calor, la gente camina con ropa de baño, tararea pegajosas canciones de verano... y no hay ningún teléfono manos libres. Es posible que Vila-Matas lo ignore, que no conozca esa carencia en plena capital de España y le interese saberlo. Tratándose de un escritor como él, este hecho aislado es capaz que represente una idea para arrancar uno de sus acostumbrados cuentos, crónicas o libros. Sin ir muy lejos, sus temáticas abordan cualquier cantidad de casos y notables desviaciones. Hijos sin hijos transita el camino del ensayo para elaborar unas páginas de quienes nunca tuvieron descendencia; la Historia abreviada de la literatura portátil desentraña las tripas de una sociedad secreta de escritores; Suicidios ejemplares representa un volumen de cuentos sobre quienes optan por quitarse la vida y Bartebly y compañía (también concursante para el Premio Rómulo Gallegos) repasa la historia de los muchos casos de escritores que no escriben. Y, con todo, la enumeración de sus libros aún podría llegar a más...

4 - A fines del año pasado Bartebly y compañía ganó un premio en Barcelona. Ahora lo hace su novela El viaje vertical con el XII Premio Rómulo Gallegos. A una semana de saberlo, ¿se puede decir que Vila-Matas, el escribiente, está pasando por una buena racha?

- Sucede que, hasta ahora, yo me vanagloriaba en España de ser el único escritor que no tenía premios. Porque, precisamente, tiene muchísimo mérito en España el no tener premios. Un escritor aquí puede tener dos, tres o cinco de ellos. Cuando se me preguntaba por esta anomalía, a mí me divertía mucho y respondía con esto. De repente me dieron un premio de mi ciudad, del ayuntamiento de Barcelona, al que valoro muchísimo porque es de donde vengo, y éste segundo galardón internacional. Así que ninguno de los dos ha pasado por Madrid.

- Quizá el extraño caso de escritores sin premios pueda servir para un próximo libro suyo...

- Pues, el único caso que conocía era el mío. Creo que no podría hacer otro caso de escritores no premiados. Además, no lo digo yo pero todo el mundo está premiadísimo aquí...

- Su literatura es bastante alejada a casi todas las tendencias que se están cosechando en España, y en México es todo un autor de culto. ¿Considera que sus letras están mayor consonancia con Latinoamérica que con su país?

- Basta con que repasemos la historia de estos dos premios de los que hemos hablado antes. Uno es barcelonés, que es lo que soy; y el otro es internacional o latinoamericano. Así que la trayectoria es muy clara, de Barcelona a Latinoamérica. Por otra parte, no tengo nada de escritor nacional. Desde luego, no escribo en catalán y tampoco tengo nada de autor español. Eso lo dejo para (Camilo José) Cela o para (Antonio) Muñoz Molina... Nunca me ha interesado jugar casero, el juego de llevarse premios del país... ¿Sabe? Mi literatura yo la compararía con la música de Manú Chao (ex líder del grupo de rock Mano Negra). Yo admiro su estilo multi-étnico, internacional, multirracial. Por eso mi gran satisfacción viene de ganarme un premio latinoamericano como el Rómulo Gallegos. Entonces, es muy coherente que viaje de Barcelona a tu país.

- El viaje es algo que tiene muy presente en su literatura. Incluso ha dicho que casi todos sus libros han nacido de sus viajes a Latinoamérica. ¿De qué manera lo influenció la visita que alguna vez realizó a Caracas y a Mérida?

- Aún no he escrito sobre ese viaje en particular... Sí me influenció mucho un viaje a Veracruz, México, que originó mi trabajo Lejos de Veracruz. Y también he escrito de otros viajes a Latinoamérica. De mi viaje a Mérida y Caracas, que yo recuerde, no ha existido ningún texto. De todos modos, tengo que advertirle que en la novela que estoy escribiendo ahora (El mal de Montano), transcurre la acción en los lugares en donde, desde el mes de diciembre pasado, he estado viajando. El libro, aunque no cuente lo que ocurrió realmente en los viajes, transcurre en Francia, en Nantes concretamente, posteriormente en Budapest. Trato de hacer la novela al azar, simplemente, y el final puede que sea en Caracas... Cómo explicar, el azar me conduce, por invitaciones, a viajar por diferentes sitios del mundo. Luego convierto esos lugares en geografía de una historia, que pueden transcurrir en cualquier parte. Simplemente, los lugares los incorporo a la novela. Para cerrarla, posiblemente, el final sea en Caracas. Lo que no significa, por supuesto, que traslade la realidad de lo que ocurrió en los viajes a la realidad literaria de la novela. Ha sido todo lo contrario.

- Ahora, las temáticas de sus libros se salen del molde. ¿Cómo elabora su proceso creativo, cómo se le prende el bombillo para escribir obras como Historia abreviada de la literatura portátil o Bartebly y compañía, por ejemplo? ¿Cuánto hay de labor de escrutinio e investigación, para construir historias de hechos aislados pero comprobables por la historia?

- Siempre parto de hechos reales, que han sucedido, para transformarlos en literatura. Tampoco hago nada extraño, porque la creación literaria consiste en eso. No tanto en llevar la realidad a un papel, sino en transformarla. Eso es a lo que me dedico.

- También es notable su hibridez. Sacando a El viaje vertical, sus demás libros son extravagancias de notas al pie o tratados a caballo entre el ensayo y la novela. ¿Por qué Vila-Matas apuesta tanto a la heterogeneidad?

- Sí, El Viaje Vertical es la única novela-novela que tengo. En cambio, “Historia abreviada de la literatura portátil”, por ejemplo, ya era un libro híbrido, en el que se prestaba mucho oficio con realidad y con el ensayo literario. Es lo que ocurre también con Bartebly y compañía y con lo que estoy haciendo ahora con El Mal de Montano. Me interesan ciertos híbridos, a la manera de Claudio Magris o W. G. Sebald. Ellos mezclan ficción con autobiografía, lo real con el ensayo. También mis intereses como lector están desplazándose desde la ficción al ensayo. Es decir, en el fondo ya estoy un poco cansado, saturado, de cosas para contar únicamente. Hablo de la manera de “chico conoce a chica y tiene un romance y un problema que se resuelve al final y se casan”. Son otras historias más del siglo XIX que cansan por salidas, por superadas para mí. Yo sólo escribo cosas para divertirme yo mismo como escritor.

- Hay quienes aseguran que el futuro de la novela podría estar en la novela de no-ficción, pero suena como que muy extremista.

- Yo no pretendo que la novela del futuro vaya por el camino que a mí me guste. Simplemente, opino que la novela del XIX la seguirán explotando las editoriales. Yo no soy un dogmático o un dictador de las ideas para que escriban y publiquen. Sí me interesa más que existan escritores como Javier Marías o Sergio Pitol. Éste usa una estructura de libertad, como en “Bartebly y compañía”, una estructura en la que quepa todo lo que uno quiere decir en el corsé que impone a veces las exigencias de la narración.

5

En el furor de entrevistas venezolanas, en la que se ha visto inmerso Vila-Matas, casi todos los periodistas lo dibujan como si se tratase de un hombre de una extrema locuacidad, hasta casi parece un relacionista público. Antes de preguntarle por su obra, muchos se desviven en hacer notar que el hombre ríe cada tres por dos y que responde el par de preguntas, muchas veces improvisadas por el premio e inspiradas sobre las solapas de su par de libros en concurso. Nada más.

La voz metálica, que venía desde Barcelona, era cortés o neutra o algo parecido, pero no locuaz. Antes de responder cualquier pregunta, Vila –Matas se cercioró hasta el cansancio del medio y del país que demandaba su entrevista. Interrogaba, lo volvía hacer y seguía en la tónica, como si necesitara conseguir alguna fisura en el discurso.

Ninguna risa se escuchó en toda la conversación. Por el contrario, el hombre respondía con mucha amabilidad, eso sí, pero con ese extraño rasgo de quienes parecen concluir su intervención, cuando todavía les quedan otras cosas por decir. De esos personajes que no se sabe si hasta silencio puede interrumpirlos. Eso sí se parecía al espíritu que Vila-Matas ha dejado en su obra.

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- En sus libros es frecuente que se describa como una persona de extremada timidez. Incluso ha llegado a decir que sus personajes dicen lo que usted es incapaz de expresar. ¿Y ahora cómo hace cuando tantos ojos y comentarios han caído sobre usted y su obra?

- Yo espero que todo continúe igual. De hecho, he seguido con mis actividades y escribiendo libros, en los que he estado trabajando desde hace años. Espero que ir a Venezuela, y recibir el premio, sea una experiencia agradable. Sobretodo, para mí, que la veo como una historia novelesca que se pone en marcha sobre lo que me va a suceder. Por ahora lo ignoro, pero lo voy a vivir de alguna forma. Esa es mi manera de enfocar mi vida siempre. Esto me abre más perspectivas de divertirme y de pasarme situaciones nuevas.

- ¿Y cómo escritor no se molesta cuando se malinterpretan sus libros? Digo, por las continuas alusiones que todavía centran su galardonada novela El viaje vertical como una obra sobre la guerra civil...

- Eso fue un equívoco que apareció en una nota de prensa. Ahora, con motivo del premio, he tenido yo que volver a explicar todo de nuevo. La guerra civil sólo está de fondo en la tragedia de Mayol, el protagonista principal de la novela. Simplemente, con la guerra civil, se le corta la continuidad en el mundo de la cultura a lo que ha sido 30 años de barbarie franquista. Y ese es un drama que está simplemente de fondo. Es un equívoco pero tampoco significa que yo ignore a la guerra civil. Al contrario.

- Una de las razones por la que sus lectores están agradecidos con usted es por la breve o moderada extensión de cada uno de sus libros. ¿Lo hace conscientemente?

- Yo creo que la medida de aguante de los lectores actuales está entre los 150 o 200 folios. Pero también es imprevisible cuando uno escribe. Ahora, El mal de Montano va camino a ser un libro extenso. Por otro lado, también existe una medida ortodoxa de cómo 200 folios para concursar en los premios... Pero tampoco me veo mucho como un autor de libros breves. Sólo los primeros como Historia abreviada de la literatura portátil son cortos, pero no Hijos sin hijos, por ejemplo.

- Esta es una pregunta obligada. ¿Conoce la literatura venezolana? ¿Tiene alguna influencia solapada?

- Yo acabo de escribir Desde la ciudad nerviosa, un libro de artículos publicado por Alfaguara. Contaba las reacciones que hubo después de Bartebly y compañía. La idea es que incluyo una carta que me envió José Balza. En ella me habla sobre la personalidad de Julio Garmendia. Él me colocaba que Garmendia podía ser un Bartebly y que yo podría colocarlo en mi libro... También he leído autores como Ednodio Quintero, Oswaldo Trejo...

- ¿Cree que en España ya se puede (sobre)vivir de la literatura?

- Escribir en periódicos, y empezar dentro de la literatura española, me ha dado la oportunidad de vivir de la escritura. Pero eso sólo se ha producido en los últimos diez años. La situación me ha traído un estado de satisfacción, de comprobar que puedo vivir de lo que escribo.

- ¿Y es bueno vivir de lo que escribe como abono al desconocimiento que tiene sobre sí mismo?

- Es casi como humorístico decir que me conocería a mí mismo mientras escribo, y más con tanta obra abundante y personajes que he creado. Eso dificulta aún más saber la realidad de quién soy. Bueno, tampoco es grave porque nadie sabe realmente quién es... Lo que sí es cierto es que la literatura ha ocupado el lugar de saber más de mí o, por lo menos, me ha ayudado a saber más de los demás.

7

En uno de sus libros más celebrados, Enrique Vila-Matas exorcizaba la figura del odradec, unos pequeños seres que se transfiguraron en malsanas obsesiones surrealistas para Federico García Lorca, Walter Benjamin, Salvador Dalí, Marcel Duchamp o Aleister Crowley. El del autor de El viaje vertical era un pequeño corcho expedido por una botella licor. A él le pareció curioso que se le sacara el tema, al final la conversación, porque su editor acababa de enviarle un odradec con nombre y apellido. A fin de cuentas, no había por qué alarmarse. De seguro, en la entrega de su premio venezolano los odradecs saldrán, al unísono, disparados desde decenas de largos y generosos cuellos de botellas. Toda una obsesión para un tímido que, desde la seguridad que le daba una contestadora telefónica, abominada ser reconocido.

Madrid/España

email:dcenteno1@hotmail.com

 


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